Las rentas de la xenofobia

Por casualidad, el día elegido para escribir este artículo, en medio del puente de la Purísima, tuve dos interesantes conversaciones con dos personas que más o menos me explicaron lo mismo. Por un lado, Farida me cuenta que Julia, una amiga suya, se había quejado amargamente con ella de que los marroquíes monopolizaban gran parte de las ayudas que brindaban los servicios sociales. Hoy, le dice Julia, hay que ponerse un pañuelo antes de ir a visitar a la trabajadora social. Luego de calmarla y pedirle una explicación, Julia le dice que a X (una mujer marroquí) le habían entregado un bono para canjear por zapatos mientras su esposo presume, con las llaves en la mano, un auto que ella no puede pagar.

Por su parte, Marta, una mujer jubilada que dedica parte de su tiempo a colaborar con Cáritas, me cuenta que existe la percepción de que a los inmigrantes se les da más ayuda que al resto. Y no siempre son los más necesitados.

Estas dos conversaciones me han recordado las palabras de SH Foulkes, un psicoanalista experto del grupo. Dijo que el extranjero despierta en lo más profundo de nuestro ser la rivalidad que experimenta el niño con la llegada de un hermano.

Este es uno de los sentimientos que tanto el partido xenófobo Plataforma per Catalunya (PXC) como el Partido Popular (PP) han intentado explotar. A juzgar por los resultados, no lo han hecho tan mal. Plataforma ha estado a punto de meterse en el Parlamento catalán (ha obtenido más de 75.000 votos) y el PP ha conseguido sus mejores resultados en unas elecciones catalanas y ha aumentado en cuatro escaños los 14 que había ganado en las elecciones anteriores.

PXC es un partido marginal claramente xenófobo que culpa al inmigrante de todos los males de Cataluña. Primero els de casa ha sido su lema en estas elecciones. Y el PP ha decidido poner a prueba en estas elecciones la estrategia que utilizó Le Pen en Francia en su momento para disputar el voto de izquierda en los barrios más pobres. Están muy contentos con los resultados y nadie duda de que, de ser necesario, lo volverán a hacer en las próximas elecciones generales.

Alicia Sánchez-Camacho, candidata del PP a presidir la Generalitat de Catalunya, con el respaldo de la dirección nacional del partido, ha realizado declaraciones a lo largo de la campaña que bien podrían ser los arrebatos de cualquier persona racista. Y en cuanto a las propuestas, tuvo la feliz idea de proponer un contrato de convivencia, que vincularía la renovación del permiso de residencia al certificado de buena convivencia que deberán emitir los municipios y en el que se tomaría. en cuenta, entre otras cosas, que no tenían quejas de sus vecinos.

¿No estamos en un estado democrático? ¿No tenemos todo un marco legal para mediar entre las partes en conflictos menores y condenar a quienes cometen delitos?

Mariano Rajoy, por su parte, apoyó estas medidas porque eran exactamente las mismas que propuso en las elecciones generales de 2008, incluyendo además, como en estas últimas elecciones, el compromiso del inmigrante de volver si durante un tiempo no lo hacía. consigue un trabajo .

Y la anécdota siniestra ha sido el videojuego – finalmente retirado – en el que Alicia Sánchez-Camacho, bajo el alias de Alicia Croft, asesinó a inmigrantes ilegales y activistas independentistas.

Eso sí, que quede claro, como ha repetido hasta la saciedad el presidente del PP catalán, no son xenófobos, son sinceros. Todo lo que hacen es decir lo que piensa la gente. PP no es PXC. En mi opinión, el caso del PP es más grave porque aspira a gobernar este país. Debería medir tu discurso mucho más. Si le importara la cohesión social, no se arrojaría como lo ha hecho a manos de García Albiol, un político populista de segundo orden, primario y que parece ser un mal ejemplar del propio Anglada (el líder del PXC).

En tiempos de crisis es especialmente importante no echar leña al fuego, porque mucha gente compite por los mismos recursos.

Si bien parte de la rivalidad que evidencian los ejemplos discutidos se debe a percepciones subjetivas más que a la realidad, no tenemos que negar que esta percepción a veces es real. En mi opinión, parte de esta ayuda busca compensar la marginación a la que condenamos a las minorías. El resultado no puede ser peor: no se ayuda a las personas a salir de la marginalidad, más bien al contrario. Se les subvenciona para permanecer en ella y se fomentan las disputas entre las personas más humildes.

¿Puede la izquierda competir con el discurso xenófobo del PP? ¿Puede la izquierda hacer algo para combatir esta rivalidad, que puede ser muy perjudicial?

En un artículo de esta misma sección publicado el 29 de noviembre, el profesor Carlos Mulas-Granados, director de la Fundación Ideas, hizo propuestas que me parecieron sumamente interesantes. Dijo que la nueva agenda social debe pasar progresivamente de una lógica de protección a otra de reactivación. Es necesario, agregó, que los servicios de empleo sean agentes de oportunidades y no meros procesadores de subsidios y propuso inc

Incrementar el número de parados que reciben cursos de formación para que el 50% de los parados realice actividades de formación. Yo añadiría que los servicios sociales deben ser muy transparentes con los criterios que se siguen para dispensar las ayudas, por miserables que sean y, sobre todo,

Los inevitables celos de los hermanos se hacen más llevaderos y mejor superados cuando los padres son justos y claros.

 

Saïd El Kadaoui es psicólogo y escritor.

Ilustración de Iker Ayestarán

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