Multiculturalismo. 29 de octubre de 2010

Durante su reciente discurso en los días de la Unión Joven, el congreso que reúne a las nuevas generaciones de demócratas cristianos (CDU) y socialcristianos (CSU), la canciller alemana Angela Merkel dijo que los intentos alemanes de construir una sociedad multicultural habían resultado ser un fracaso total.

En lo que es un guiño al sector más reaccionario, justificó sus palabras, como es costumbre de muchos políticos y ciudadanos, comentando el peor lado de la inmigración (matrimonios forzados, personas que no hablan alemán, niñas que dejan de ir al colegio etc.). Sin embargo, también dejó un pequeño espacio para la autocrítica. Durante mucho tiempo, dijo, los sucesivos gobiernos no se habían parado a pensar que los inmigrantes no solo iban a trabajar a Alemania y se marchaban (el conocido término Gastarbeiter – trabajadores invitados), sino que estaban dispuestos a quedarse.

De sus palabras se desprende que ahora tiene la intención de rectificar. Queda por ver en qué dirección.

Sin estar de acuerdo con la canciller alemana, sí creo que, a diferencia de otros líderes europeos pertenecientes a la misma familia política (Partido Popular Europeo) como el presidente francés Nicolás Sarkozy o el italiano Sílvio Berlusconi, ella está pensando en otras fórmulas un poco más elaboradas que la simple expulsión o persecución a la que estos dos líderes están acostumbrados. En su caso, parece más un juego de equilibrios difícil para satisfacer a todos los militantes de su partido.

Hay que reconocer que apoyó las palabras del presidente alemán – Christian Wulff – que había dicho unos días antes de su discurso en Potsdam que el Islam era parte de Alemania. Esta es una afirmación lógica y sensata, dado el gran número de musulmanes alemanes, pero tiene su costo político, un costo que ha asumido el canciller alemán. Esto no es poca cosa teniendo en cuenta que en gran parte de Europa el discurso antimusulmán, antes reservado a los partidos de extrema derecha, ahora forma parte de los partidos de centro derecha.

A pesar de que el fútbol es un deporte que sigo, aunque de forma desapasionada, no os hablaré del habilidoso futbolista turco-alemán Mesut Özil, integrante de la plantilla del Real Madrid y símbolo de la integración de los inmigrantes en Alemania. . Les hablaré del otro símbolo, Fatih Akin. Mi cineasta admirado.

Prácticamente toda su filmografía es una incursión inflexible, honesta y bien intencionada en el complejo mundo de la membresía dual. Su impactante película Gegen die Wand (Against the Wall) –reconocida como mejor película en la XVII edición de los European Film Awards– es una rica muestra de los escollos de dos personas en las que esta doble pertenencia (turca y alemana) convive de forma fragmentada . Ambos, después de experiencias extremadamente dolorosas, terminan en Turquía buscando una parte de sí mismos que les falta. Y en otra de sus películas, Auf der anderen Seite (Al otro lado) –premio LUX, otorgado por el Parlamento Europeo–, vuelve a abordar el tema con maestría. Esta vez con una narración polifónica, más lenta en ritmo pero igualmente intensa en contenido. En esta ocasión se trata de la búsqueda del origen de alguien que bien podría considerarse un ejemplo de integración. Un alemán de ascendencia turca amante de Goethe.

He pensado en Fatih Akin y me alegro de haber tenido la oportunidad de mostrar mi admiración por su trabajo, porque sus películas nos hablan de la búsqueda irremediable de quienes somos, de nuestras raíces y de la compleja identidad múltiple y mixta. En resumen, cómo la gente necesita saber de dónde venimos para tener más claro hacia dónde vamos. La integración nunca debe significar la desconexión con el origen. Por el contrario, la verdadera integración también requiere una lealtad crítica hacia ella.

La multiculturalidad, la interculturalidad y la integración son parte de todas las culturas. Toda cultura es a la vez muchas (multi) culturas que contaminan, dialogan, discuten y se mezclan (inter) y terminan formando una nueva cultura compleja y diversa (integración). Vale la pena recordar aquí que el significado de la palabra integrar es precisamente este: hacer un todo o un conjunto con diferentes partes.

Por tanto, no voy a detenerme en discusiones académicas sobre los conceptos de multiculturalismo, interculturalidad e integración. El tiempo es corto. La convivencia es posible, entre otras cosas, porque no tenemos alternativa. La persona que no puede integrar sus diferentes voces en su personalidad se enferma, se retrae, se deprime o se derrumba y se fragmenta (psicosis). Algo parecido le pasa a la sociedad. Diferentes personas, con diferentes orígenes, diferentes culturas (que a su vez son múltiples y complejas) deben poder compartir un mismo corpus social. De lo contrario, la sociedad sufre y enferma.

Me permito cambiar mi enfoque. No es mirando las culturas que resolveremos la cuestión. Es garantizando la no exclusión y la plena ciudadanía (lo que no significa nada más original que la famosa receta: derechos y deberes). Es decir, cerrar las puertas a la exclusión que prevalece en los más débiles (especialmente los migrantes).

y sus hijos) y abriendo las puertas a la participación ciudadana activa junto con la aplicación del derecho civil (igual para todos). Esta es, en mi opinión, la única forma.

El paternalismo, la xenofobia, el fanatismo, el machismo, el nacionalismo excluyente son flagelos que hay que combatir. Los refugios culturalistas no valen la pena.

¡Qué fácil es ver la carretera y qué difícil recorrerla!

 

Saïd El Kadaoui es psicólogo y escritor.

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